jueves, 21 de enero de 2016

Este jueves, un relato: "Sucedió a bordo de..."




Era la primera vez que Arturo subía a un tren. A penas había salido del pueblo y a sus diez años, hacer un viaje de varias horas solo le parecía una aventura. Mamá no estaba muy contenta con la idea de que su retoño hiciera aquel trayecto sin compañía, pero no le quedó otra que aceptarla. La situación era complicada y lo mejor era mantener al niño alejado de ella. Pasaría una temporada con sus tíos de Madrid hasta que las aguas volvieran a su cauce.

Sentado en el pasillo, Arturo no dejaba de observar todo cuanto había a su alrededor. Le llamaban la atención aquellos señores tan bien vestidos, maletín en malo, que se dirigían a la capital a trabajar; las señoras, con esos preciosos trajes y peinados tan bien hechos; una pareja de jóvenes que se daba un fugaz beso pensando que nadie los veía; el revisor pidiendo lo billetes a los pasajeros… Todo era nuevo para él.

Se imaginó con uno de esos trajes azul marino. Pensó cómo sería su vida cuando tuviera quince o veinte años más y algunos miles de euros en la cartera. Fantaseó con la idea de ser un empresario de éxito, ¿por qué no? Él también tenía derecho a soñar con un buen futuro.

Cuando quiso darse cuenta, el tren estaba entrando en la estación en la que él tenía que bajarse. Allí debían esperarlo la tía Julia y el tío Luis. Hacía mucho tiempo que no los veía, pero los recordaba elegantes y enamorados. Eran la pareja más bonita que había visto nunca, pues jamás discutían –o eso pensaba él- como sí que lo hacían, a veces, sus padres.

Cogió la maleta y bajó los escalones que separaban el vagón del andén con sumo cuidado. Miró a un lado y a otro sin ver a sus familiares por ningún sitio. Se sentó un banco a esperar, seguramente tardaran unos minutos, o puede que pensaran que la hora de llegada del tren era otra.

Las agujas del reloj que divisiva desde su posición, no dejaban de avanzar a la par que su nerviosismo iba en aumento. ¿Qué haría si sus tíos no llegaban? ¿Por qué todavía no estaban allí? ¿Habría pasado algo malo?

Al cabo de las dos horas, desesperado por la ausencia de noticias, Arturo se dirigió a un policía que vigilaba la estación para contarle lo que le pasaba. Seguramente él pudiera llevarlo con su familia o, al menos, avisar a sus padres de que había llegado a Madrid y se encontraba bien.

Fueron horas de incertidumbre y desconcierto. Cuando por fin estuvo en casa de sus tíos y éstos le contaron lo que había pasado, comprendió que tendría que madurar rápido, a pesar de su corta edad. Se dio de bruces con la realidad de su familia, esa que pensaba que era tan idílica y cuya perfección se desvaneció tan rápido cómo se evapora el humo de un cigarrillo.

Jamás regresaría al pueblo. Trataría de labrarse un futuro lejos de aquel pasado. La verdad era demasiado dura, incluso, para creerla, pero no, aquello no era una película, aunque estaba convencido de que él también tendría su final feliz, la oportunidad de progresar, olvidar e incluso perdonar a sus padres. Pero no ahora, no hoy…


Más historias que sucedieron a bordo de... en el blog de Pepe

jueves, 14 de enero de 2016

Este jueves, un relato: "Mozo, nodriza, zapatero remendón





¡Con copete y cucharilla, que lo vende Molinilla!”. Era escuchar aquellas palabras, y el pequeño Rafael se relamía pensando en el delicioso sabor del helado artesano de su vecino. Durante los meses de verano, en las horas de la siesta, Pedro se paseaba por las calles del pueblo vendiendo el delicioso postre de vainilla que con tanto esmero hacía en casa de manera totalmente artesanal. Era el encargado de endulzar y refrescar a los niños y mayores que lo esperaban con ganas de saborear su producto estrella (estrella y único, pues no disponía de más variedad de sabores)  
Pedro Molina (de ahí su apodo “Molinilla”) acompañado de su carrito, colocaba el helado sobre los cucuruchos de manera generosa, de ahí la expresión “con copete” utilizada en su frase, a la que ahora llamaríamos eslogan, que quiere decir hasta arriba, lleno o cualquiera otro sinónimo que queráis buscar a esa singular palabra.

Rafael ha probado muchos helados a lo largo de su vida, pero ninguno parecido al que tomaba en el pueblo donde pasaba los veranos con los abuelos. Aquel sabor, que tanto le recuerda a su infancia, ¡era tan sabroso! 

Más historias sobre oficios del pasado que se han perdido en el blog de Dorotea

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Resumen de 2015


Este año, en general, ha sido estupendo para mí. Ha estado lleno de viajes, partidos del fútbol, rutas de senderismo, bodas y, en general, buenos momentos. 2015 comenzó con la llegada de un anillo que significa mucho para mí, pues es el anuncio de todo lo bueno que vendrá a partir del 23 de julio. En el mismo mes de enero, estuve en el Santiago Bernabéu viendo el partido de Copa del Rey que enfrentaba al Real Madrid con el Atlético de Madrid. Era el regalo de reyes de Marcos, y junto con él, disfrutamos del partido José Alberto, Pedro, Estefanía y yo. Bueno, yo un poco más que el resto, pues mi equipo fue el que se clasificó, aunque después lo eliminara el Barcelona.




En febrero, José Alberto me sorprendió con una cena medieval para San Valentín, en el castillo de Alcaudete, con visita teatralizada incluida. Un mes que continuó con el bautizo de Daniela. En marzo comenzó nuestro periplo de boda en boda con la de Luismi y Elena en Jaén. Y abril llegó con la Semana Santa. Estuvimos en Málaga, dónde pudimos disfrutar de sus procesiones. Hicimos la ruta de senderismo del Río Borosa y tuvimos la oportunidad de visitar la Alhambra de noche.


En mayo pasé un día estupendo por Córdoba con mi hermana María, José Alberto, su hermana Rocío, Fabiola… Estuvimos visitando los patios y también, cómo no, la Mezquita y Medina Azahara.

Las bodas volvieron a hacer su aparición en junio con las de Juan y Ana y David y Cristina, además, subí al Pico Mágina, ya la iba cogiendo el gustillo a eso del senderismo.

El verano, no pudo empezar mejor, una semana de vacaciones en Tenerife, con boda de mi primo Antonio incluida. Y siguió bien, la verdad, no me puedo quejar. Ahh, ¡y otra boda! Esta vez de Pedro y María Dolores. Después vinieron las ferias y más bodas, entre ellas la de mi amigo Sergio, con su consecuente viaje a Gijón.



En noviembre, concierto de Estopa en Granada y visita al santuario de la Virgen de la Cabeza y en diciembre, destacaría la excursión a Gibraltar, a ver a mis amigos los monos del Peñón, jeje.

 

            A todo esto hay que añadir los domingos de fútbol, algún concierto más a parte del de estopa, amueblar el piso, celebraciones familiares y con amigos…

            Claro que ha habido momentos no tan buenos, pero sabéis que siempre me quedo con lo positivo que, además, en esta ocasión supera con creces a lo malo. Y siempre mirando al año próximo con ilusión, especialmente ahora, que veo que se acerca un 2016 en el que, después de ir a tanta boda, por fin iré a la mía propia. Jeje. ¡Feliz año nuevo a todos! Os deseo lo mejor en estos doce meses que tenemos por delante. ¡A disfrutar!

 
 

martes, 15 de diciembre de 2015

El poder de Marta


 
Marta se había despertado sin poderes. Lo supo desde el momento en que abrió los ojos y comprobó que su chasquido de dedos no atendía a sus deseos. Intentó tranquilizarse. Debía haber algún error. Volvió a probar suerte sin resultado, ni el vaso de leche con galletas le llegaba en una bandeja, junto con cuatro galletas de chocolate, ni la cama se hacía sola. Tendría que ir a la cocina a prepararse el desayuno, algo que llevaba meses sin hacer. Se sentó en el sofá dispuesta a ver sus dibujos animados favoritos pero nada, su gesto seguía sin funcionar, así que, tiró de mando a distancia. Era sábado y no tenía prisa. Unas partidas a la videoconsola después le vendrían bien para entretenerse. Pero se hartó pronto, pues no lograba ganar, “¡qué raro!” pensó, “si yo nunca pierdo”. 

            Estaba claro que la mañana no iba bien. Las cortinas no se abrían cuando ella quería, las luces tampoco se encendían… era como si nada en la casa atendiera a sus órdenes. Salió al jardín y las plantas no la saludaron, tampoco los pajarillos se acercaron a darle los buenos días. El sol parecía enfadado, y se escondió tras una nube de cuyo interior parecían querer saltar centenares de gotas de lluvia a tenor del ruido que hacían.

            Se refugió en casa desanimada, aquello no le parecía divertido. Le estaban entrando ganas de llorar. ¿Qué podía hacer? Se sentó a escribir. Hacía tiempo que no cogía su libreta mágica y su boli fabuloso. Gracias a ellos había ganado varios concursos literarios en el colegio. Al utilizarlos, su imaginación volaba y su mente inventaba historias fantásticas.

            Comprobó que al cuaderno solo le quedaban un par de hojas en blanco y el bolígrafo andaba escaso de tinta. Sin su ayuda, seguro que le costaba más trabajo concentrarse y escribir algo realmente bueno. Cerró los ojos y pensó, pero no le surgían ideas. Sin saber cómo, se acordó de su amiga Ana, que apenas tenía juguetes y aprovechaba las libretas al máximo para que sus padres no tuvieran que gastar dinero en comprarle más. Intentó ponerse en su lugar, no podía ni imaginar la tristeza que sentiría si los Reyes Magos no le trajeran nada este año. Ana, en cambio, estaba tan acostumbrada, que lo que le extrañaba era que Sus Majestades llegaran a su casa algún día. Cuando le preguntaban qué le habían traído, sonreía mientras bromeaba diciendo que tal vez no encontraban la dirección de su casa o no entendían bien su mala letra.

Por fin había encontrado la mejor utilidad que podía darle a aquel par de hojas y esas gotitas de tinta. Y escribió a Melchor, Gaspar y Baltasar, la mejor de las cartas que se le ocurrió para su amiga. Estaba convencida de que, esta vez, la magia tenía que llegar a su familia.

            Andaba poniendo el punto final a sus letras cuando comenzó a salir el sol y el patio se vistió de colores. Sonrío, el día había empezado mal, pero por fin todo cambiaba. Ya ni le importaba el hecho de no tener poderes. Había aprendido el verdadero significado de la palabra generosidad.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Decisiones del destino



Frutos es un hombre serio, podría decirse, incluso, que algo huraño. A pesar de frecuentar el bar de la plaza, son pocos los que mantienen conversación con él. Siempre se le ve en una esquina de la barra, leyendo el periódico sin levantar apenas la mirada. Hombre de campo, llama la atención el estado de sus manos, tan desgastadas y secas a la par que gruesa y fuertes. Muestran al exterior, no solo la dureza de su trabajo, sino también los golpes que la vida le ha propinado por dentro y que pocos conocen.

            Y es que Frutos lleva años viviendo en el pueblo, pero no es de allí, llegó a aquel lugar por una decisión del destino. Un desafortunado e inolvidable día, su vida dio un vuelco que nunca hubiera esperado.

            Esa tarde, las páginas del periódico le juegan una mala pasada. No sabe si leerlo o no, pero su afán por mantenerse informado de cuanto acontece en el mundo, le lleva a sumergirse en sus hojas intentando evitar toparse con las noticias sobre el aniversario.

            Tal día como hoy, hace diez años, Frutos, de baja tras haberse roto una pierna, se despierta sobresaltado por el incesante ruido del teléfono. Familiares y amigos le preguntan si su mujer y su hijo están bien. No entiende nada. ¿A qué viene tanta preocupación? Al enterarse de la noticia y no poder contactar con ellos, coge el coche y se desplaza a Madrid para emprender un periplo por los hospitales de la ciudad, con el fin de encontrarlos. Tiene la esperanza de que estén bien. Ese día, Lucas competía en la capital y su esposa había decidido acompañarlo. Era su oportunidad de proclamarse campeón de España  de Karting y quería arroparlo. Ahora, allá donde estén, lo arropa eternamente, mientras Frutos, lejos de la que en su día fuera su casa, recuerda con tristeza las interminables horas de aquel 11 de marzo. 
 

jueves, 15 de octubre de 2015

Este jueves, un relato: "Preguntas y respuestas"



 
 
Macarena se había acostumbrado a vivir con una gran duda: ¿quiénes eran sus padres biológicos? Desde que se enteró de que era adoptada, no podía evitar  sentir curiosidad por conocer a la mujer que la había llevado en su vientre y saber los motivos por los que la abandonó.

            Al cumplir la mayoría de edad, comenzó la búsqueda. Necesitaba descubrir sus orígenes, cómo acontecieron los hechos para llegar a formar parte de una familia que consideraba la suya aunque no llevara su misma sangre.

            Una tarde, en el autobús, mientras observaba a los pasajeros, se topó con unos ojos que le resultaron familiares. Notó como éstos se llenaron de lágrimas y la mujer a la que pertenecían apartó la mirada, dirigiéndola hacia la ventanilla. Su cara guardaba un enorme parecido con la suya. Una extraña sensación se apoderó de ella y una pregunta surgió inevitablemente “¿será mi madre?”.

            En los sucesivos días, estuvo atenta a quienes subían y bajaban del autobús, con el fin de encontrar de nuevo a la inquietante mujer. Pasaron semanas hasta que aquella tarde la vio y se armó de valor para sentarse a su lado. Las dos se miraron durante minutos sin mediar palabra hasta que llegó la parada en la que se separaban. Antes de que la señora bajara del vehículo, susurró unas palabras a Macarena: “Necesito hablar contigo, nos vemos mañana a las ocho en esta parada”.

            No pudo dormir en toda la noche, pensado qué querría decirle aquella mujer, ¿sería su madre? De no ser así, ¿qué quería de ella? ¿Le ayudaría a resolver sus dudas?

            Al día siguiente, ambas llegaron puntuales a la cita. La joven escuchó atenta a su interlocutora. Al parecer, se había quedado embarazada cuando tenía quince años de un hombre de treinta que rechazó ayudarla al conocer la noticia, desapareciendo de su vida en ese mismo instante. Sus padres la echaron de casa y sola, sin preparación ni estudios, viajó a Madrid en busca de un futuro para ella y su retoño. Pronto comprobó que nadie regala nada y que las dificultades aparecen y se instalan en tu vida sin que haya manera de echarlas. Su conciencia le impedía abortar. Regresar a casa no era una opción. ¿Qué otra cosa podía hacer?

            Esa noche, llamó a un conocido convento de la capital, dejando a la pequeña en la puerta, mientras se marchaba corriendo, sin dejar de llorar, pero confiando en que su hija tendría la vida que ella nunca pudo disfrutar. Fue duro, pero ahora, con la perspectiva del tiempo y comprobando como habían pasado los años por cada una de ellas, se sentía satisfecha por la decisión que tomó. 
Más historias sobre preguntas y respuestas en el blog de San http://galisan33.blogspot.com.es/ 

lunes, 31 de agosto de 2015

A ti, anti taurino




Me gustan los toros, si, ¿algún problema? Estoy harta de la gente que trata de asesinos a los toreros, que considera la fiesta nacional un acto violento y, lo que es peor, que quiere erradicar una de las costumbres más españolas que tenemos en este país.

Comprendo que una corrida de toros es algo que no puede gustar a todo el mundo pero, digo yo, si tanto se nos llena la boca con las palabras democracia y libertad, ¿por qué no dejar que a quien le gusten vaya y a quien no, no, en lugar de prohibir las corridas de toros?

Siento vergüenza ajena cuando veo a mujeres semidesnudas protestando con lemas anti taurinos y en contra del maltrato animal. ¿Esa es la mejor manera que tienen de expresar su opinión? Por no hablar de los espontáneos que saltaron hace poco a una plaza en plena corrida.

Me parece un sin sentido que muchas de esas personas que defienden la vida del toro y protestan por su muerte, estén a favor del aborto. ¿A caso es más importante un animal que una persona? ¿Un ser humano inocente al que se le quiere negar el derecho a nacer?

Hace poco, me enteré de que un anciano de más de setenta años que iba a los toros en la feria de Baeza, fue tirado al suelo por uno de esos manifestantes contrarios a la fiesta. ¿Qué había hecho esa persona, aparte de querer disfrutar de un espectáculo para el cual había pagado su entrada? Me parece bochornoso. Al parecer, el hombre se levantó del sueño, casi llorando, sin comprender los motivos de semejante agresión.

No me parece justo que en la Plaza de Toros de Barcelona ya no haya corridas, al igual que sucede en Canarias desde hace años. Tengo familiares que viven allí y cuando viajan a la península muestran interés por saber en que pueblo hay fiestas para disfrutar del arte del toreo (algo que no pueden hacer en su tierra) ¿Y qué pasa con quienes no tienen posibilidad de acudir a la plaza? ¿Por qué se les quiere negar la opción de ver las retrasmisiones por televisión? 

A los políticos que tanto se preocupan por intentar acabar con la fiesta nacional les pregunto ¿no tienen otros asuntos más importantes de los que ocuparse? ¿en serio el suprimir los espectáculos taurinos en los pueblos, ciudades o comunidades autónomas en las que gobiernan es una de sus prioridades?

Por cierto, y para terminar, no sé si tú, anti taurino, eres consciente de que no solo los toreros, esos a los que tildas de asesinos, viven de los toros, sino que hay muchas personas cuyos trabajos giran en torno a la fiesta, desde los ganaderos, hasta los taquilleros de las plazas.

Solo pido respeto a los aficionados taurinos y que se nos siga permitiendo acudir a la plaza, sin miedo y con la cabeza bien alta, para disfrutar de una afición que tienen muchas más personas de las que se puede llegar a pensar.