jueves, 28 de agosto de 2014

Este jueves, un relato: "robos"



Lo suyo fue un atraco en toda regla. Sin violencia ni premeditación, pero tan fuerte que le resultó imposible zafarse de su ladrón. El caso es que no le importaba. Si, habéis leído bien, no sintió rabia, ni impotencia, ni siquiera echaba en falta aquello que había perdido.
            Su vida cambió a partir del robo. Una fuerza inusitada se apoderó de ella y le impidió volver a ser la que era. Daba la sensación de que había sido víctima de un hechizo.
            No pudo regresar a casa. El ladrón la cautivó de tal manera, que resultó atada a él de por vida. Estáis equivocados si pensáis que se enamoró perdidamente, que algún hombre le robó el corazón. No entraba en sus planes tener pareja, pues detestaba la idea de depender de una persona el resto de sus días. Fue algo aún más íntimo y personal.
            Aquel viaje le había devuelto la libertad. Desde el primer día de estancia en ese bello país, supo que no podía volver. Prefería dejar atrás una existencia plana, vacía, carente de emociones, insípida… Le sobraban los adjetivos para describir la que hasta entonces había sido su vida. El contacto con la naturaleza despertó en ella la necesidad de alejarse de su cautiverio. Ya no tendría obligaciones, en sus días no existiría el agobio. Dejaría de padecer ansiedad y de respirar aire contaminado.
            Se dio cuenta de que nada ni nadie la ataba al que hasta entonces había sido su hogar. Necesitaba espacio, aire puro y tranquilidad, sobre todo mucha tranquilidad. Aún hoy sigue dando las gracias al ladrón, o mejor dicho, ladrona, que le robó el pasado en aquel viaje con  billete de ida, pero no de vuelta. Aún hoy sigue agradecida y orgullosa de ser víctima de su ya amiga LIBERTAD.
Más historias sobre todo tipo de robos en el blog de Encarni

lunes, 25 de agosto de 2014

¡No va más!



No era consciente de que su avaricia había llegado a límites insospechados. La frecuencia de sus visitas a aquel lugar aumentó de manera tan desproporcionada, que los trabajadores comenzaron a alarmarse.

            Todo empezó cómo un  pequeño juego, atractivo, eso si, pero sin peligro aparente. Pensó que, en los tiempos que corren, cualquier intento de mejorar la situación económica es lícito y viable. Todo fuera por el bien de su familia.
           
Sin embargo, la esperanza de ganar dinero de manera fácil y rápida se desvaneció. Al principio se jugaba unos cuantos euros en las tragaperras, después añadió un par de décimos de lotería a la semana, a los que también unió visitas esporádicas al bingo y alguna que otra partida de póquer en el casino.

El casino, ¡ay el casino! Esa fue su perdición. Entrar en él y verse rodeado de personas ávidas de dinero, le incitaba a apostar y apostar en la ruleta. Le gustaba el tacto y el color de las fichas, los números impares y los negros, la incertidumbre al ver moverse la bola por entre las diferentes casillas de la ruleta sin saber dónde iba a terminar… Todo esto le despertaba la curiosidad y el deseo, especialmente este último.

Llegó un momento en el que lo de menos era perder dinero, eso ya no le importaba. Necesitaba satisfacer su necesidad de apostar, de jugarse el pan de su familia sin a penas darse cuenta. Fundía los pocos ahorros que le iban quedando en fichas que se perdían por entre el agujero de la mesa hacia el que las dirigía el crupier después de cada ronda.

Y ahí sigue, noche tras noche, en su particular cárcel. Cuatro paredes llamadas CASINO de las que no sabe cómo salir mientras una empleada, a la vez que su cartera, grita ¡No va más!  

jueves, 3 de julio de 2014

Este jueves, un relato: "un momento especial"



Su vida lleva implícita la palabra esfuerzo. Nadie le regaló nada y, aún así, había logrado llegar a lo más alto.

            Desde que nació, tuvo que luchar contra las adversidades en un mundo en el que impera la crueldad. Siempre murmullos a su paso. Pocas veces una palmadita en el hombro, salvo de sus familiares y amigos más íntimos.

            Sacar adelante una carrera, a priori, está al alcance del todo el mundo. Con estudio y constancia, es posible aprobar hasta la más difícil de las asignaturas. El problema llega cuando se cuenta con una desventaja, un escollo que te acompaña desde el nacimiento y con el que has de saber convivir.

            El rector de la Universidad pronunció su nombre. El salón de actos se puso en pie para dedicarle una sentida ovación. La licenciatura en Derecho ya era suya. Nada ni nadie, ni siquiera su parálisis cerebral, habían logrado detener su sueño: concluir sus estudios universitarios para satisfacción de sus orgullosos padres. 

Más momentos especiales en el blog de Pepe

jueves, 26 de junio de 2014

Este jueves, un relato: "escenas de playa"





Una vez más, se despierta sobresaltada. Hay una imagen que no puede quitarse de la cabeza desde que su hijo le enseñó aquella inquietante fotografía en el teléfono móvil. Pedro es guardia civil y trabaja en la costa de Almería. Por su profesión, está acostumbrado a ver de todo. Ella, en cambio, no es tan fuerte cómo para lograr que ese tipo de situaciones no le afecten.

Solo vio la imagen unos segundos, los suficientes para que se acomodara en su mente y perturbara sus pensamientos. ¿Quién sería esa persona? Se preguntaba. ¿Qué edad tendría? ¿Andaría metido en algo ‘raro’? Puede que perteneciera a alguna mafia o tal vez se dedicara al tráfico de drogas. Su muerte quizás se debió a un ajuste de cuentas.

Le parece raro que la prensa no se haya hecho eco de la noticia todavía. ¿A caso aparecen cadáveres envueltos a la orilla de la playa todos los días? En la foto se aprecia un cuerpo perfectamente envuelto en una tela blanca, que se amolda a su silueta con grandes tiras de cinta adhesiva negra. Es un paquete hecho a conciencia.

Piensa en la macabra imagen con la que se abran topado los agentes una vez despojado el bulto de las capas que lo cubren. ¿En que grado de descomposición estará? ¿Será posible su identificación? Debe tener muy mal aspecto. ¡Que horror!

            Continúa inmersa en sus elucubraciones sobre las causas de aquella muerte, cuando intenta ponerse en la piel de la muchacha que avisó a la Policía. Pedro le había contado que iba con su perro por el paseo marítimo, de buena la mañana, cuando vio un extraño bulto al fondo de playa, cerca del agua. Movida por la curiosidad, la joven se acercó comprobando que se trataba de un cadáver. Eso es, al menos, lo que dijo en su primera declaración ante los agentes. ¡Pobrecilla! ¡Menudo mal rato tuvo que pasar!

            Tras unas cuantas noches sin dormir, Pedro sorprende a su madre con una noticia que la deja en shock. Los compañeros que investigan el caso acaban de detener a la joven que comunicó el macabro hallazgo por serias sospechas de su implicación en un asesinato. ¡Y pensar que sentía lástima por ella…!

Más escenas de playa en el blog de Chelo  

martes, 17 de junio de 2014

La verdadera amistad


Con la aparición de las nuevas tecnologías son muchos los que presumen de tener centenares de amigos por el mero hecho de poseer un gran número de contactos en las redes sociales (léase tuenti, twitter y facebook entre otras). La mayoría de las veces, se trata de personas conocidas con quienes a penas intercambian unas palabras o incluso gente a la que han conocido a través de internet. ¿A esto lo llaman amistad?

Os propongo un juego: analizar vuestra lista de “ciberamigos” a fin de encontrar quienes son realmente los verdaderos.

Primero, seleccionad aquellos con quienes habéis estado de fiesta alguna vez o habéis mantenido una conversación de más de diez minutos sobre temas que van más allá del tiempo o la actualidad.

¿Habéis reducido vuestra lista? Pues continuemos.



 
Ahora, comprobad de cuántos de los que quedan tenéis su número de teléfono personal. Van quedando menos ¿verdad?

No os desaniméis. En materia de amistad vale más la calidad que la cantidad.

Por último, la prueba de fuego. Quedaros con los que han permanecido a vuestro lado en los momentos difíciles, cuándo necesitabais aliento y fuerzas para continuar. Quienes conocen detalles importantes de vuestra vida. Los que no han faltado a vuestros cumpleaños y otro tipo de celebraciones especiales. En definitiva,  aquellos que sabéis que siempre van a estar ahí y con los que estáis seguros que podéis contar en cualquier momento aunque vivan lejos y no los veáis con la frecuencia deseada.

¿Con cuántos amigos verdaderos contáis?

Supongo que os sobra con los dedos de una mano para contarlos, unos cuantos de la otra a lo sumo.

La amistad es un precioso regalo difícil de alcanzar pero que, una vez conseguido, es capaz de permanecer inalterable a pesar de la distancia y el paso del tiempo.

Desde aquí, quiero hacer una mención especial a quienes considero mis verdaderas amigas: Ana, María, Bea y Estefanía. Claro que tengo muchas más, y también amigos, pero estas cuatro son especiales, han caminado conmigo desde que era pequeña y son con las que más confianza tengo y más momentos de todo tipo he compartido. Me siento muy orgullosa de ellas y sé que han estado, están y estarán siempre ahí. ¡Va por vosotras, AMIGAS! ¡Sois muy grandes!    


 

martes, 10 de junio de 2014

El atolladero




Vivo en un lugar privilegiado. Nunca me aburro. Desde mi escondite observo a todos aquellos que se adentran en el bosque sin saber con qué se van a encontrar. Este sitio es oscuro, siniestro, con un halo de misterio que sobrecoge a cualquiera. A cualquiera menos a mí, que estoy más que acostumbrado a frecuentar  estas tierras.

            Lo que más me gusta es el laberinto. Quienes caen en él, no suelen contarlo. Una vez que pisan su árido suelo, comienzan a escuchar ruidos extraños, teniendo la sensación de ser perseguidos durante todo el recorrido. Notan que alguien roza su piel y el bello se les eriza. A esto hay que unir la sensación de pánico, nerviosismo y terror de la que les es imposible deshacerse.

            Orientarse en medio de la oscuridad es realmente difícil. Las víctimas del laberinto, a las que yo no dudo en asustar con mis peculiares maullidos, dan vueltas sin cesar, movidos por impulsos de procedencia desconocida. Poco a poco, la desesperación se apodera de ellos por completo y los envuelve en una locura que nunca pensaron padecer. Gritan, pero nadie los oye; corren, sin dirección; maldicen el momento en que decidieron vivir esa aventura.

            Finalmente, llega el desenlace. La mayoría mueren por un ataque al corazón, otros debido a fuertes brotes psicóticos insoportables para el cuerpo humano. Los más fuertes, fallecen por cansancio e inanición. Pero nadie, ni tan siquiera uno de ellos, logra salir del laberinto.

            Os dejo, ha caído la última víctima, llega la hora repartirnos este rico manjar. Y es que, aquí, nunca nos falta el alimento. ¡Me encanta la carne humana! 

jueves, 5 de junio de 2014

Este jueves, un relato: "mundo laboral"



El suyo no es un trabajo común. Lo ejerce por cuenta propia, sin jefe, contrato, seguridad social ni horario establecido. Normalmente, solo se permite la noche para descansar.

No conoce el derecho a huelga, los festivos o días de asuntos propios. No dispone de oficina ni sitio fijo en el que desarrollar su labor.

El salario que obtiene no depende solo de la cantidad de horas que trabaja, sino también de la generosidad de aquellos a los que va dedicado su tiempo y empeño.

Siempre le acompañan una sonrisa en la boca, un puñado de papeles en el bolsillo, palabras sinceras y su herramienta de trabajo. Nunca se separa de ella, pues la necesita para conseguir dinero de la manera más honrada que conoce: haciendo aquello que mejor sabe hacer.

La música es su gran pasión. Jamás pisó el conservatorio, ni siquiera dio clases de solfeo, todo lo que toca con su preciada guitarra lo aprendió de manos de su padre, quien le dejó como única herencia ese bello instrumento de cuerda.

Juntos recorren, cada día, las principales estaciones de metro de la ciudad. Deambulan de un vagón a otro, incansables, a la espera de una mirada cómplice y unas cuantas monedas. A veces lo consiguen, otras sufren desaire e ingratitud. La vida bajo tierra no es fácil, pero sabe que, a la salida, le aguarda algo aún peor.

Más historias sobre el trabajo en el blog de Encarni