jueves, 7 de abril de 2016

Este jueves, un relato: "¡Entrevistados!"




Este jueves, Alfredo nos propone una "autoentrevista" para conocernos un poco mejor. Las preguntas son las que él mismo nos ha facilitado en la convocatoria. Aquí os dejo la mía. Podéis leer otras a través de su blog La plaza del diamante


1.- ¿Lo del Blog, casualidad o causalidad?
Lo de abrir un blog fue casualidad, entré en este mundillo de la mano de algunos amigos de la Asociación Literaria Café de Palabras que también son jueveros. 

2.- ¿Escribir es una terapia global o sólo un tratamiento de andar por casa?
Escribo porque me divierte, me gusta crear personajes e inventar historias con ellos. No lo hago como terapia ni nada parecido, tampoco suelo basar los relatos en vivencias personales, aunque está claro que siempre dejas algo tuyo en cada escrito.

3.- Los libros viejos huelen a rancio y los nuevos a tinta fresca... ¿A qué huele un Blog?
Un blog huele a actualidad, a presente, a era tecnológica, a interacción con otros blogueros… Un blog huele diferente.

4.- ¿Es el Blog, un buen escondite para los tímidos?
Creo que sí, yo no me considero una persona tímida, pero es cierto que algunos textos que tal vez te daría más pudor o vergüenza por ejemplo leerlos en público, los compartes en tu blog y aunque la gente los lea, es diferente.
 
5.- ¿Tener un Blog y publicar en él, crea nuevas expectativas sociales?
Tener un blog te abre las puertas a conocer otros blog y así, también, otras personas. A mí, por ejemplo, me brindó la oportunidad de conocer a muchos jueveros no solo virtualmente, sino también en persona con los diferentes encuentros. Además, te permite que tus textos sean leídos por un mayor número de personas.

6.- ¿Escribir es una ciencia o un arrebato emocional?
Creo que para escribir hay que conocer las reglas y dicen que después, una vez que se conocen, se pueden saltar, pero para eso ya hay que estar en un nivel en el que yo no me encuentro. Los grandes escritores son los que se pueden permitir más licencias y cambios.

7.- ¿A falta de lápiz y papel, bueno es un Blog?
He de reconocer que yo soy más de lápiz y papel, pero también me gusta el blog.

8.- ¿La inspiración tiene fecha de caducidad?
Pienso que la inspiración tiene momentos. Hay días en los que te visita y podrías escribir sin parar y otros en los que no te sale ni una mísera frase. Como se suele decir, lo suyo es que la inspiración te pille trabajando, en este caso, escribiendo.

9.- ¿Los Blogs se alimentan de la solidaridad? «Tú me comentas, yo te comento» y así nuestras respectivas páginas van engordando...
Si, pienso que es así. Escribir en un blog sin participar en otros es algo pobre, sin embargo, leer y comentar otros y que los dueños de los mismos hagan lo propio con el tuyo enriquece ¡y de qué manera! Te ayuda a mejorar, a corregir los fallos y aceptar los errores. A veces, incluso, a subirte un poco el ánimo. Jeje.

10.- Si oyes la palabra Blogodependencia, ¿qué te viene a la cabeza?
Enganche al blog, tanto al propio a la hora de escribir, como a los de los demás a la hora de leer y comentar.

11.- ¿El Blog, como el vino, mejora con los años?
Claro, los blog van mejorando con el paso del tiempo y la experiencia.

12.- ¿Es el Blog un escondite para mostrar la verdadera cara o al contrario... no te puedes fiar de lo que parece políticamente correcto?
Un poco de ambas cosas.

13.- ¿Un placer inconfesable sólo al amparo del Blog?
Esta pregunta…no la entiendo mucho. Supongo que se refiere al hecho de contar cosas propias, íntimas o personales a través de personajes imaginados… no sé.

14.- ¿Qué tiene de mágico inventar escenas y personajes y llevarlas al papel?
Es difícil de explicar pero, efectivamente, es algo mágico. Te permite meterte en la piel de personas muy diferentes a ti y vivir situaciones que tal vez nunca vivirías de no ser por ellos. Además, se convierten en algo tuyo.  

15.- ¿Por qué ocultarse tras un seudónimo?
No creo que sea necesario, yo de hecho no lo tengo e incluso tengo como avatar mi propia fotografía, supongo que eso dependerá de cada persona.

16.- El vaso, ¿medio lleno o medio vacío?
Siempre medio lleno. Me considero una persona optimista.

17.- ¿Qué lugar de tu ciudad no hay que dejar de conocer?
Quienes me conocen saben que siempre hago patria. Me encanta mi pueblo y creo que todos y cada uno de sus rincones merecen la pena ser visitados. ¡Viva Jimena! Jeje.

18.- ¿Qué lugar del Mundo no hay que dejar de conocer?
Hay tantos… viajar es estupendo, mientras más lugares puedas visitar, mejor que mejor.

19.- ¿Qué protagonista de película te gustaría ser?
La de alguna romántica con final feliz, bueno, espera, mejor de alguna de acción, e incluso de ciencia ficción. ¡Qué difícil elegir!

20.- Un escritor antipático y una película imprescindible.
¿Un escritor antipático? No sé… y lo de la película también es difícil quedarse con una…
21.- Un libro, sólo uno.
¿Solo uno? Esto se va complicado… “A sangre fría”, de Truman Capote.

22.- ¿Relato corto o microrrelato?
Relato corto.

23.- ¿Las penas con pan, son menos penas?
Puede que sí.

24.- ¿De risa desbordante o sonrisa cómplice?
Suelo reírme bastante y casi que soy más de la primera.

25.- ¿En la soledad pides ayuda a las musas?
Claro, siempre hay que pedir ayuda a las musas. ¡¡qué sería de nosotros sin ellas?!

26.- ¿Cuántas velas iluminaron tu último pastel de cumpleaños?
32

27.- De 3 a 5 palabras (que no palabrotas) define el mundo actual.
¡Esto si que es difícil! Injusto, a veces cruel, otras extraordinario, dejémoslo en desconcertante. (lo siento, me he pasado de palabras, ya dije que era complicado)

28.- ¿Algún tatuaje, en tu piel, que no veamos a simple vista?
No me gustan los tatuajes.

29.- ¿Qué no te gusta que te pregunten?
Yo que sé, la gente que no me conoce lo suficiente no me gusta que se metan donde no la llaman, es decir, en temas o asuntos personales que no les incumben.

30.- ¿Qué faltó que te preguntara?

¿Más cosas me quieres preguntar? Jeje. Creo que ha sido una entrevista bastante completa.

jueves, 11 de febrero de 2016

Este jueves, un relato: "una de fantasmas"



Aquella experiencia cambió mi vida. Todo comenzó hace más de tres años. Mi hija pasaba unas noches espantosas, a penas dormía y lloraba de una manera extraña. Al principio no le dimos importancia, pero con el paso de los días, empezamos a preocuparnos. Una mañana, Rocío amaneció con arañazos por todo el cuerpo. En casa nunca hemos tenido gatos, ni siquiera hay jardín por el que pueda colarse alguno. También era imposible que se los hubiera hecho ella misma, pues eran demasiado.

            A partir de ahí, la niña se negó a dormir sola, le daba miedo y repetía que los monstruos volverían a por ella, que así se lo habían dicho. Nosotros pensamos que eso de los fantasmas eran chiquilladas propias de alguien de su edad, pero el pánico que sentía a la oscuridad y la soledad era excesivo.

            Mi marido y yo empezamos a tener el sueño más ligero que nunca, nos despertábamos con frecuencia sobresaltados al escuchar ruidos a los que no encontrábamos explicación. Hubo un momento en el que pensé que acabaría volviéndome loca. Lo que pasaba en nuestra casa cada noche no era normal y tampoco encontrábamos un razonamiento lógico a los ruidos en mitad de la madrugada, a los llantos desconsolados de Rocío y mucho menos a los arañazos que, gracias a Dios, no habían vuelto a aparecer.

          Fue entonces cuando Rafa, tras consultarlo con varios especialistas en fenómenos paranormales, decidió poner cámaras en todas las habitaciones, un circuito de vigilancia que grabaría todo cuanto aconteciese en nuestro hogar durante las veinticuatro horas del día.

            Lo que pudimos ver en la primera de las grabaciones nos estremeció. En el salón, la tele se encendía sola a media noche. En la cocina, los utensilios colgados en la pared se movían y en los pasillos, los cuadros cambiaban de posición, pasando a estar torcidos e incluso al revés. Y así un día tras otro. Definitivamente, aquello era una locura.

            La experta que contratamos nos dijo que la solución a nuestros males podía estar en Rocío. Los niños, mientras más pequeños, más sensibilidad tienen a los espíritus. Después de darle muchas vueltas, aceptamos la sugerencia. Fueron varias sesiones en las que Rocío entraba en contacto con aquellos seres tratando de conseguir que dejaran la casa, pero estos se resistían pues, según supimos más tarde, habían vivido allí hace años, muriendo en un incendio que llegó a afectar, incluso, a los edificios contiguos.

            Hoy se cumplen seis meses de la última sesión de Rocío. Parece que los espíritus por fin nos han dejado tranquilos. Ahora dormimos algo mejor, nuestra pequeña va al psicólogo dos veces en semana, yo tomo medicación para los nervios y Rafa ha puesto todas las medidas de seguridad habidas y por haber. No le deseo a nadie lo que nos ha pasado. Como esos malditos fantasmas vuelvan a aparecer por casa me mudo, ya lo creo que me mudo…       

Más historias inquietantes sobre fantasmas y espíritus en el blog de Charo

jueves, 21 de enero de 2016

Este jueves, un relato: "Sucedió a bordo de..."




Era la primera vez que Arturo subía a un tren. A penas había salido del pueblo y a sus diez años, hacer un viaje de varias horas solo le parecía una aventura. Mamá no estaba muy contenta con la idea de que su retoño hiciera aquel trayecto sin compañía, pero no le quedó otra que aceptarla. La situación era complicada y lo mejor era mantener al niño alejado de ella. Pasaría una temporada con sus tíos de Madrid hasta que las aguas volvieran a su cauce.

Sentado en el pasillo, Arturo no dejaba de observar todo cuanto había a su alrededor. Le llamaban la atención aquellos señores tan bien vestidos, maletín en malo, que se dirigían a la capital a trabajar; las señoras, con esos preciosos trajes y peinados tan bien hechos; una pareja de jóvenes que se daba un fugaz beso pensando que nadie los veía; el revisor pidiendo lo billetes a los pasajeros… Todo era nuevo para él.

Se imaginó con uno de esos trajes azul marino. Pensó cómo sería su vida cuando tuviera quince o veinte años más y algunos miles de euros en la cartera. Fantaseó con la idea de ser un empresario de éxito, ¿por qué no? Él también tenía derecho a soñar con un buen futuro.

Cuando quiso darse cuenta, el tren estaba entrando en la estación en la que él tenía que bajarse. Allí debían esperarlo la tía Julia y el tío Luis. Hacía mucho tiempo que no los veía, pero los recordaba elegantes y enamorados. Eran la pareja más bonita que había visto nunca, pues jamás discutían –o eso pensaba él- como sí que lo hacían, a veces, sus padres.

Cogió la maleta y bajó los escalones que separaban el vagón del andén con sumo cuidado. Miró a un lado y a otro sin ver a sus familiares por ningún sitio. Se sentó un banco a esperar, seguramente tardaran unos minutos, o puede que pensaran que la hora de llegada del tren era otra.

Las agujas del reloj que divisiva desde su posición, no dejaban de avanzar a la par que su nerviosismo iba en aumento. ¿Qué haría si sus tíos no llegaban? ¿Por qué todavía no estaban allí? ¿Habría pasado algo malo?

Al cabo de las dos horas, desesperado por la ausencia de noticias, Arturo se dirigió a un policía que vigilaba la estación para contarle lo que le pasaba. Seguramente él pudiera llevarlo con su familia o, al menos, avisar a sus padres de que había llegado a Madrid y se encontraba bien.

Fueron horas de incertidumbre y desconcierto. Cuando por fin estuvo en casa de sus tíos y éstos le contaron lo que había pasado, comprendió que tendría que madurar rápido, a pesar de su corta edad. Se dio de bruces con la realidad de su familia, esa que pensaba que era tan idílica y cuya perfección se desvaneció tan rápido cómo se evapora el humo de un cigarrillo.

Jamás regresaría al pueblo. Trataría de labrarse un futuro lejos de aquel pasado. La verdad era demasiado dura, incluso, para creerla, pero no, aquello no era una película, aunque estaba convencido de que él también tendría su final feliz, la oportunidad de progresar, olvidar e incluso perdonar a sus padres. Pero no ahora, no hoy…


Más historias que sucedieron a bordo de... en el blog de Pepe

jueves, 14 de enero de 2016

Este jueves, un relato: "Mozo, nodriza, zapatero remendón





¡Con copete y cucharilla, que lo vende Molinilla!”. Era escuchar aquellas palabras, y el pequeño Rafael se relamía pensando en el delicioso sabor del helado artesano de su vecino. Durante los meses de verano, en las horas de la siesta, Pedro se paseaba por las calles del pueblo vendiendo el delicioso postre de vainilla que con tanto esmero hacía en casa de manera totalmente artesanal. Era el encargado de endulzar y refrescar a los niños y mayores que lo esperaban con ganas de saborear su producto estrella (estrella y único, pues no disponía de más variedad de sabores)  
Pedro Molina (de ahí su apodo “Molinilla”) acompañado de su carrito, colocaba el helado sobre los cucuruchos de manera generosa, de ahí la expresión “con copete” utilizada en su frase, a la que ahora llamaríamos eslogan, que quiere decir hasta arriba, lleno o cualquiera otro sinónimo que queráis buscar a esa singular palabra.

Rafael ha probado muchos helados a lo largo de su vida, pero ninguno parecido al que tomaba en el pueblo donde pasaba los veranos con los abuelos. Aquel sabor, que tanto le recuerda a su infancia, ¡era tan sabroso! 

Más historias sobre oficios del pasado que se han perdido en el blog de Dorotea

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Resumen de 2015


Este año, en general, ha sido estupendo para mí. Ha estado lleno de viajes, partidos del fútbol, rutas de senderismo, bodas y, en general, buenos momentos. 2015 comenzó con la llegada de un anillo que significa mucho para mí, pues es el anuncio de todo lo bueno que vendrá a partir del 23 de julio. En el mismo mes de enero, estuve en el Santiago Bernabéu viendo el partido de Copa del Rey que enfrentaba al Real Madrid con el Atlético de Madrid. Era el regalo de reyes de Marcos, y junto con él, disfrutamos del partido José Alberto, Pedro, Estefanía y yo. Bueno, yo un poco más que el resto, pues mi equipo fue el que se clasificó, aunque después lo eliminara el Barcelona.




En febrero, José Alberto me sorprendió con una cena medieval para San Valentín, en el castillo de Alcaudete, con visita teatralizada incluida. Un mes que continuó con el bautizo de Daniela. En marzo comenzó nuestro periplo de boda en boda con la de Luismi y Elena en Jaén. Y abril llegó con la Semana Santa. Estuvimos en Málaga, dónde pudimos disfrutar de sus procesiones. Hicimos la ruta de senderismo del Río Borosa y tuvimos la oportunidad de visitar la Alhambra de noche.


En mayo pasé un día estupendo por Córdoba con mi hermana María, José Alberto, su hermana Rocío, Fabiola… Estuvimos visitando los patios y también, cómo no, la Mezquita y Medina Azahara.

Las bodas volvieron a hacer su aparición en junio con las de Juan y Ana y David y Cristina, además, subí al Pico Mágina, ya la iba cogiendo el gustillo a eso del senderismo.

El verano, no pudo empezar mejor, una semana de vacaciones en Tenerife, con boda de mi primo Antonio incluida. Y siguió bien, la verdad, no me puedo quejar. Ahh, ¡y otra boda! Esta vez de Pedro y María Dolores. Después vinieron las ferias y más bodas, entre ellas la de mi amigo Sergio, con su consecuente viaje a Gijón.



En noviembre, concierto de Estopa en Granada y visita al santuario de la Virgen de la Cabeza y en diciembre, destacaría la excursión a Gibraltar, a ver a mis amigos los monos del Peñón, jeje.

 

            A todo esto hay que añadir los domingos de fútbol, algún concierto más a parte del de estopa, amueblar el piso, celebraciones familiares y con amigos…

            Claro que ha habido momentos no tan buenos, pero sabéis que siempre me quedo con lo positivo que, además, en esta ocasión supera con creces a lo malo. Y siempre mirando al año próximo con ilusión, especialmente ahora, que veo que se acerca un 2016 en el que, después de ir a tanta boda, por fin iré a la mía propia. Jeje. ¡Feliz año nuevo a todos! Os deseo lo mejor en estos doce meses que tenemos por delante. ¡A disfrutar!

 
 

martes, 15 de diciembre de 2015

El poder de Marta


 
Marta se había despertado sin poderes. Lo supo desde el momento en que abrió los ojos y comprobó que su chasquido de dedos no atendía a sus deseos. Intentó tranquilizarse. Debía haber algún error. Volvió a probar suerte sin resultado, ni el vaso de leche con galletas le llegaba en una bandeja, junto con cuatro galletas de chocolate, ni la cama se hacía sola. Tendría que ir a la cocina a prepararse el desayuno, algo que llevaba meses sin hacer. Se sentó en el sofá dispuesta a ver sus dibujos animados favoritos pero nada, su gesto seguía sin funcionar, así que, tiró de mando a distancia. Era sábado y no tenía prisa. Unas partidas a la videoconsola después le vendrían bien para entretenerse. Pero se hartó pronto, pues no lograba ganar, “¡qué raro!” pensó, “si yo nunca pierdo”. 

            Estaba claro que la mañana no iba bien. Las cortinas no se abrían cuando ella quería, las luces tampoco se encendían… era como si nada en la casa atendiera a sus órdenes. Salió al jardín y las plantas no la saludaron, tampoco los pajarillos se acercaron a darle los buenos días. El sol parecía enfadado, y se escondió tras una nube de cuyo interior parecían querer saltar centenares de gotas de lluvia a tenor del ruido que hacían.

            Se refugió en casa desanimada, aquello no le parecía divertido. Le estaban entrando ganas de llorar. ¿Qué podía hacer? Se sentó a escribir. Hacía tiempo que no cogía su libreta mágica y su boli fabuloso. Gracias a ellos había ganado varios concursos literarios en el colegio. Al utilizarlos, su imaginación volaba y su mente inventaba historias fantásticas.

            Comprobó que al cuaderno solo le quedaban un par de hojas en blanco y el bolígrafo andaba escaso de tinta. Sin su ayuda, seguro que le costaba más trabajo concentrarse y escribir algo realmente bueno. Cerró los ojos y pensó, pero no le surgían ideas. Sin saber cómo, se acordó de su amiga Ana, que apenas tenía juguetes y aprovechaba las libretas al máximo para que sus padres no tuvieran que gastar dinero en comprarle más. Intentó ponerse en su lugar, no podía ni imaginar la tristeza que sentiría si los Reyes Magos no le trajeran nada este año. Ana, en cambio, estaba tan acostumbrada, que lo que le extrañaba era que Sus Majestades llegaran a su casa algún día. Cuando le preguntaban qué le habían traído, sonreía mientras bromeaba diciendo que tal vez no encontraban la dirección de su casa o no entendían bien su mala letra.

Por fin había encontrado la mejor utilidad que podía darle a aquel par de hojas y esas gotitas de tinta. Y escribió a Melchor, Gaspar y Baltasar, la mejor de las cartas que se le ocurrió para su amiga. Estaba convencida de que, esta vez, la magia tenía que llegar a su familia.

            Andaba poniendo el punto final a sus letras cuando comenzó a salir el sol y el patio se vistió de colores. Sonrío, el día había empezado mal, pero por fin todo cambiaba. Ya ni le importaba el hecho de no tener poderes. Había aprendido el verdadero significado de la palabra generosidad.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Decisiones del destino



Frutos es un hombre serio, podría decirse, incluso, que algo huraño. A pesar de frecuentar el bar de la plaza, son pocos los que mantienen conversación con él. Siempre se le ve en una esquina de la barra, leyendo el periódico sin levantar apenas la mirada. Hombre de campo, llama la atención el estado de sus manos, tan desgastadas y secas a la par que gruesa y fuertes. Muestran al exterior, no solo la dureza de su trabajo, sino también los golpes que la vida le ha propinado por dentro y que pocos conocen.

            Y es que Frutos lleva años viviendo en el pueblo, pero no es de allí, llegó a aquel lugar por una decisión del destino. Un desafortunado e inolvidable día, su vida dio un vuelco que nunca hubiera esperado.

            Esa tarde, las páginas del periódico le juegan una mala pasada. No sabe si leerlo o no, pero su afán por mantenerse informado de cuanto acontece en el mundo, le lleva a sumergirse en sus hojas intentando evitar toparse con las noticias sobre el aniversario.

            Tal día como hoy, hace diez años, Frutos, de baja tras haberse roto una pierna, se despierta sobresaltado por el incesante ruido del teléfono. Familiares y amigos le preguntan si su mujer y su hijo están bien. No entiende nada. ¿A qué viene tanta preocupación? Al enterarse de la noticia y no poder contactar con ellos, coge el coche y se desplaza a Madrid para emprender un periplo por los hospitales de la ciudad, con el fin de encontrarlos. Tiene la esperanza de que estén bien. Ese día, Lucas competía en la capital y su esposa había decidido acompañarlo. Era su oportunidad de proclamarse campeón de España  de Karting y quería arroparlo. Ahora, allá donde estén, lo arropa eternamente, mientras Frutos, lejos de la que en su día fuera su casa, recuerda con tristeza las interminables horas de aquel 11 de marzo.